Valsequillo ha vuelto a mirar al barranco con ojos de otro tiempo. Las lluvias registradas en los últimos días han dejado una imagen poco frecuente en el municipio: cauces con agua, escorrentías activas y pequeños saltos que han transformado el paisaje habitual.
No es fácil establecer comparaciones exactas. Los registros pluviométricos de hace décadas no cuentan con la precisión actual, pero entre los vecinos, especialmente los de mayor edad, se repite una misma referencia: los inviernos de los años 70 y 80, cuando las lluvias eran más constantes y el agua formaba parte cotidiana del entorno.
La jornada de ayer ofreció una de esas estampas que, sin ser excepcionales en términos históricos, sí lo resultan en el contexto reciente. El barranco presentó un caudal visible y continuo, mientras distintas zonas del municipio mostraban el efecto de la lluvia acumulada durante la noche. A pesar de ello, el cielo despejado durante buena parte del día permitió observar con claridad un fenómeno que atrajo a curiosos, vecinos y aficionados a la fotografía.
En las zonas de cumbre, la caída del agua evidenció la intensidad del episodio. Los pequeños saltos, alimentados por la escorrentía, dibujaban un paisaje que muchos identifican con etapas ya superadas. No se trataba solo de una imagen llamativa, sino de un recordatorio de la capacidad del territorio para recuperar dinámicas que parecían olvidadas.
Junto a la sorpresa, también ha surgido cierta reflexión. Algunos vecinos apuntan al abandono progresivo de los cauces y a la pérdida de actividad rural como factores que han modificado la relación con el agua en el municipio. La expresión popular “mal limpiadita” volvió a escucharse como síntoma de una memoria colectiva que sigue vinculada al cuidado del entorno.
Las precipitaciones continúan durante este fin de semana bajo la influencia de la borrasca Theresse, que, junto a otros frentes recientes, ha contribuido a mejorar la humedad del suelo y a reactivar, aunque sea de forma puntual, el flujo en los barrancos.
Más allá de los datos, la escena ha dejado una impresión clara entre quienes la han presenciado: la de un paisaje que, por unas horas, recupera su pulso más antiguo.






























