Valsequillo languidece y, lejos de avanzar, vive en un cada vez más alarmante momento de parálisis permanente. El lastre del actual gobierno se refleja en el día a día de un municipio que cada vez está más lejos del desarrollo y vigor económico y empresarial de otros de tamaño y ubicación similar de la isla. Basta una simple comparación con municipios como Moya, Firgas o San Mateo, para descubrir que, en vez de acortar la evidente brecha de desarrollo con esos municipios, la diferencia con Valsequillo no hace más que agigantarse.
¿Qué acción, programa o infraestructura ha servido de impulso y proyección de Valsequillo para los próximos diez años? Ninguno. De hecho, la única mejora evidente no la impulsa el ayuntamiento, sino el Cabildo. La ampliación de la GC-41, obviamente, mejorará la conexión del municipio con Telde, pero es precisamente en esa ciudad donde se enmarca el ensanchamiento de la vía, y el Cabildo quien la proyectó, la ejecuta y financia.
El otro gran proyecto anunciado, el Centro de Tecnificación Deportiva, zozobra desde que la obra se paralizó por los problemas de visión desde la grada. A este ridículo se le unió posteriormente la resolución del Consejo Superior de Deportes que obligó al Ayuntamiento de Valsequillo a devolver la subvención de un millón de euros para su construcción, al no justificar adecuadamente el alcalde y su grupo de gobierno el uso dichos fondos. A esta devolución, se le sumaron otros 210.000 euros en concepto de intereses.
En el mundo real, en cualquier empresa, situaciones como las descritas anteriormente hubiesen provocado dimisiones o ceses inmediatos. Pero este tipo de chapuzas son marca de la casa, y en vez de responsabilidades, lo que afloran son las habituales excusas, que siempre son externas, ajenas al gobierno y su alcalde. A pesar de sus habituales pero cada vez menos creíbles piruetas comunicativas, el día que el centro se inaugure gracias a una nueva financiación del Cabildo de Gran Canaria, el alcalde no logrará hacer olvidar que estos fondos insulares podrían haberse destinado a otros proyectos igualmente necesarios en el municipio de haber gestionado y justificado correctamente el dinero que en su día llegó del Consejo Superior de Deportes.
El despacho ordinario de los asuntos del día a día no constituyen mérito alguno. Es el mínimo exigible a cualquier administración, y ondear dicha bandera como defensa de la gestión del ayuntamiento no es más que la confirmación del agotamiento de un proyecto político acabado, y de un alcalde cuya única aspiración es la de ser rescatado por Teodoro Sosa. Valsequillo hace tiempo que dejó de ser la prioridad del alcalde. Es de hecho, su plan B, un premio de consolación.
Valsequillo ya ha perdido el presente y corre el riesgo de perder también el futuro.






























