“Caradura”, “falta de ética y de moral”, «menos merecimientos de sentarse en el salón de plenos”,… Estos son algunos de los calificativos que Francisco Atta y Fabiola Calderín profirieron a Lucía Melián durante el pleno este 26 de agosto. El más grave de todos, a cargo de Calderín, fue cuando con gesto amenazante y retador, se dirigió a Melián en los siguientes términos: “no se haga la tonta”.
Una vez más, el alcalde demostró su doble vara de medir. Tras recriminar a su subordinada, eso sí, con el micrófono apagado, Calderín retomó la palabra hasta concluir su turno sin mayor contratiempo. Un insulto directo a otro miembro del salón de plenos, se solventó con mero apercibimiento privado, un simple pellizco de monja. Pero cuando Juan Carlos Hernández Atta reprochó con dureza el linchamiento político y personal presenciado, que efectivamente se produjo, el alcalde le impidió continuar con su exposición. Una decisión que obligó a Asamblea Valsequillera a abandonar el pleno como protesta por cortar su libertad de expresión.
El gobierno, carente de proyecto, ideas y futuro para Valsequillo, ha decidido que lo único a lo puede agarrarse para intentar sobrevivir es el victimismo. Pretenden dar la impresión de ser un gobierno cautivo de la oposición. Esta falsedad cae con facilidad al comprobar se ha aprobado por unanimidad el 97% de los proyectos municipales desde que el gobierno está en minoría.
A lo que el gobierno llama inestabilidad, en realidad es incomodidad. Durante muchos años, ASBA y Fabiola Calderín (esta última esté donde esté), han gobernando con una mayoría que les permitía dar las explicaciones justas, campar a sus anchas en el pleno y hacer o deshacer a su antojo siempre con los siete votos garantizados.
Ahora toca buscar acuerdos, negociar, alcanzar mayorías y consensos. Francisco Atta y Fabiola Calderín se revuelven con rabia y atacan a una oposición que no ha bloqueado una sola iniciativa relevante para el municipio. Pero ni eso les vale: lo que quieren es sumisión, pleitesía y que nadie les lleve la contraria.
Este gobierno está caracterizado por su torpeza, ineptitud, falta de preparación y un caos organizativo, cuyos resultados a la vista están. Esta circunstancia, siendo grave, resulta aún más peligrosa cuando se combina con la soberbia, el insulto y unas formas autoritarias y despóticas que atentan contra la esencia de los valores democráticos. Lo primero, tal vez, algún día logren aprenderlo. La educación y el respeto a los demás, ya sabemos que no.






























