Ignacio Sánchez Acedo. Canarias7
Pues sí, la UD ya está aquí. El partidazo que se marcó en Córdoba, con goles de museo, un deleite a la vista las acciones a la red. Los goles de Lukovic, Ale García y qué decir de la de Clemente, es un trueno que resuena en la categoría por la aparición de ese candidato a todo que ya asoma y amenaza. Enorme la exhibición grupal y que avanza tiempos para soñar. Más allá del resultado, absolutamente fuera de debate, prevalece la evidencia de que se trata sólo del principio.
Un inicio volcánico del Córdoba, con Clemente achicando bajo palos tras mala salida de Horkas y otra parada del meta a tiro cercano de Guardiola, puso a prueba la entereza amarilla. Pero la UD fue a más y creció hasta agigantarse. Ya se sabía que los de casa iban a salir al alboroto, a tratar de pescar en el desorden y, ante el río revuelto, pelota al piso, simetría y fútbol.
En eso se aplicaron todos bajo la luz de Fuster, Recoba o el debutante Lukovic, los primeros en aparecer para apropiarse del Arcángel. Sin que Cedeño diera una a derechas como pareja de Amatucci, en la zona de tres cuartos brotó el arte de los tres, asociados en la verticalidad y la precisión. Lukovic, foco de atención por su esperado estreno, avisó muy pronto de que estaba para encañonar. La primera se la sacó el portero casi sin querer.
En la siguiente, al galope tras un pase catedralicio de Fuster, el serbio definió de manera inapelable. Gol de matador, mezclando velocidad, sangre fría y ese instante metafísico de mirar al portero para hacerle imposible la estirada con el remate al ángulo mortal. Como hubiese firmado, siguiendo el hilo nostálgico, el mismo Turu Flores. Corría el minuto 19 y el 0-1 era consecuencia del juego, de la creencia, de tirar de orgullo y escudo. Personalidad, que diría el míster. Fue agua bendita verse arriba en el marcador porque la UD se adueñó de todos los registros y mantuvo a raya al anfitrión, incapaz de ganar metros o llegar, al menos, al rectángulo de Horkas.
Faltó ir a por el segundo en fase más que propicia. Añadiendo, además, una implicación defensiva elocuente. Ver a Ale García ser derribado en área propia tras bajar en labores de ayuda constituyó una estampa bien explícita de ese espíritu guerrero que se desea implantar.
El descanso no hizo más que aumentar las diferencias, porque la puesta en escena posterior al intermedio mantuvo el paisaje. Mando y autoridad desde las camisetas amarillas, dispuestas a cazar el botín mayor. Y ya con Enzo Loiodice para repartir criterio, restituido en el eje.
Si el peligro estaba en la ventaja mínima y el riesgo de que un error penalizara, a modo de lo ocurrido frente al Andorra, muy poco tardó Ale García en hacer saltar los cerrojos por los aires con el 0-2, habilitado por una asistencia quirúrgica de Lukovic. Partió de campo propio y largó un derechazo arriba imperial que le echaba la persiana a la cuestión. Quedaba mucho sí, más de media hora, pero ese margen era una mentira porque la demostración de la UD apuntaba a correctivo. El mismo Ale García acarició el 0-3 con una rosca que se fue por centímetros. Puro recreo.
Y el partido se consumió de la manera que quiso la UD, todo bajo supervisión y proyectando una imagen edificante, rotunda, de candidato. Y, encima, ya con Viera en el campo, agarrando minutos y sensaciones. El botón nuclear para apuntar al cielo.
El epílogo, Clemente en plan Maradona con un tanto que hay que ver para creer.





























