Valsequillo Digital
La jornada histórica del Pleno municipal, que culminó hoy a las 12:00 horas con la investidura de Juan Carlos Hernández Atta como nuevo alcalde, tuvo en la concejala no adscrita Lucía Melián una de las voces más esperadas y firmes. Su voto, clave para que la moción de censura saliera adelante con siete apoyos, fue defendido con serenidad y contundencia.
Melián comenzó su discurso citando a Nelson Mandela («La esperanza es un arma poderosa, y el diálogo es el camino que convierte lo imposible en posible») y marcando el día como un «punto de inflexión» para la historia política del municipio.
Frente a las acusaciones: seriedad y firmeza
La concejala optó por confrontar las «insinuaciones e intimidaciones» recibidas durante el proceso, siendo tajante: «No soy marioneta de nadie, ni política ni personalmente. Nunca lo he sido».
Dirigiéndose a quienes han intentado reducir sus decisiones a la sombra de otros, Melián afirmó: «Pienso por mí misma, decido por mí misma y me defiendo por mí misma. Quien no entienda eso demuestra que vive anclado en otra época».
Con conciencia tranquila, aseguró que su apoyo a la moción no es un impulso ni un interés personal, sino una «reflexión profunda» ante la realidad de que Valsequillo «necesita un cambio» y no puede seguir «justificando la parálisis ni la falta de rumbo».
La cohesión se perdió
Lucía Melián explicó que su abandono del grupo de gobierno anterior se debió a una pérdida progresiva de los principios originales de su proyecto (feminista, transparente y participativo).
«Las decisiones se tomaban de forma unilateral, sin debate, sin escuchar a quienes formábamos parte del propio equipo. El diálogo desapareció, y con él se apagó la ilusión.» — Lucía Melián
Señaló que esta falta de escucha no solo afectó a los concejales, sino también a trabajadores y vecinos que no podían expresar su malestar, ya que el ambiente confundía «la lealtad con la sumisión y el respeto con la obediencia ciega».
La concejala argumentó que su salida se produjo porque era inviable sostener una manera de gobernar basada en la «improvisación, la falta de liderazgo y la ausencia de planificación».
Soberbia y oportunidades perdidas
Para ejemplificar la decadencia de la gestión, Melián citó el incidente del 26 de agosto, donde «además de perderse el respeto institucional, se perdió una subvención esencial para Cultura por no querer escuchar una opinión distinta«. Para ella, esto es el «mejor ejemplo de lo que está fallando: la soberbia por encima del diálogo».
Abordando la etiqueta de transfuguismo, la edil no adscrita remarcó que este concepto se define por la actitud de no anteponer un sillón al bienestar del pueblo, asegurando que no es su caso.
Melián concluyó con una apelación a la cordura y el respeto institucional, prometiendo que tenderá la mano al nuevo equipo para trabajar por el bien de la comunidad. «No van a encontrar en mí rabia ni rencor», afirmó, asegurando que su forma de hacer política es el diálogo y el consenso, y que el tiempo colocará a cada cual en su lugar.






























