Valsequillo Digital
Orgullo, memoria agradecida y una profunda cercanía con sus raíces. El Obispo Auxiliar de la Diócesis de Canarias, Cristóbal Déniz Hernández, ha compartido sus impresiones con el diario La Provincia con motivo de su reciente distinción como Hijo Predilecto de Valsequillo, un reconocimiento institucional que honra su trayectoria pastoral y su permanente vinculación con el pueblo que lo vio crecer.
Natural del barrio de La Barrera, Déniz rememora en la entrevista una niñez feliz, ligada a la tierra, a la agricultura y a la libertad que ofrecía el entorno rural de la época. «Pertenezco al barrio de La Barrera, a la entrada del pueblo. Allí la vida se caracteriza por un ambiente rural que favorece una convivencia muy familiar entre los vecinos, muy cercana y muy comprometida», destaca el prelado.
🌱 Raíces familiares, infancia y vocación
Hijo de Santiago y Magdalena —él originario de Mateo y ella procedente de Valsequillo—, el obispo auxiliar recuerda con especial afecto las lecciones de honestidad y responsabilidad que le inculcaron sus padres, quienes se esforzaron por dar una formación académica a sus cinco hijos con los medios disponibles. Sobre sus primeros años, confiesa entre sonrisas: «De carácter no era de los malos, pero mis pillerías tenía».
En las páginas del rotativo, Déniz aborda también cómo nació su vocación religiosa. Tras una etapa de leve distanciamiento en su adolescencia, la invitación a participar en un grupo de preparación para la confirmación en su parroquia natal fue determinante. Aquella experiencia de comunidad, oración y convivencia en el entorno de Valsequillo terminó por sembrar la inquietud sacerdotal que definiría su vida.
🤝 El valor del medio rural frente a la soledad actual
El nuevo Hijo Predilecto contrapone la vida en los pueblos con la hiperconexión e individualismo de las grandes ciudades. Según explica, el campo ofrece una convivencia abierta donde no existe el anonimato y predomina el acompañamiento genuino. Además, advierte sobre la «enorme soledad» que se detecta en la sociedad contemporánea, abogando por crear espacios parroquiales y comunitarios de acogida real y humana.
«No me olvido de dónde vengo y eso me ayuda a saber a dónde voy. Hay que tener una memoria agradecida que ayude a forjar un futuro mejor», concluye Déniz, quien asegura escaparse a Valsequillo siempre que sus compromisos se lo permiten.






























