Valsequillo Digital.
Morgan queda anclado en la autoría de su conciencia. Como militante de su identidad, ha ido puliendo las temáticas de la sátira, siempre desde la absoluta libertad editorial. Esto conlleva una grandeza de pensamiento analítico dentro del amplio mundo de las artes gráficas. Su casillero de humor hace de lo cotidiano una necesidad virtuosa: la oferta de otra manera de ver el mundo y las situaciones en las que se envuelve, con sus propias locuras más absurdas.
Humor local de excelente tapiz de criterio, dentro de ese amplio abanico de la escuela canaria. Cierto es que la mirada de un viñetista transfiere y denuncia, con su ilustración, las situaciones más caóticas del mundo; y que, en un simple detalle, convierte la viñeta muda en un grito de palabras y denuncias, en un sortilegio elegante de mostrar la verdad cobarde escondida tras la cortina del poder.
De ahí su humor tan necesario en una sociedad que mira para otro lado, que idolatra al poder y a la imagen, e idiotiza a los “tiktokers” mientras se miran en el espejo de su pantalla móvil, como en la caverna de Platón. El poder del diálogo desaparece y se imponen las viejas mañas de la manipulación y la prioridad del interés.
Morgan saca a Carmelito y a Lancarnación para exhibir la transparencia de su entendimiento de la situación, y se acerca al semblante isleño con la gracia cómica de la socarronería: una transparencia amable de nuestra idiosincrasia. Como antes el Cho Juá de Millares, buscó la identidad en las viñetas.
Nuestro humor, tan sano y complejo, advierte en la expresión y en el contenido de actualidad. Y en sus mensajes claritos especifica:
“Tiene usted que dejar la tele, el tuiter y la campaña electoral de inmediato… Tiene las transamenazas, la cabriotonina y el insultoterol por las nubes”.
O en otra línea de observación, ante un cartel tajante:
“Se ofrece trabajo. Abstenerse quienes busquen empleo”.
En Morgan descubrimos las ocurrencias más insólitas y las respuestas más desconcertantes. Podemos entender una viñeta muda que te golpea con su mensaje a la primera, o intentar descifrar ese jeroglífico que vemos claro pero no entendemos, aunque su mensaje grite denuncia:
“Hijo, ni se te ocurra hablar de genocidio, que se molestan”.
Y van doce libros en su haber, porque las recopilaciones de sus memorias de expresión son infinitas y atemporales, aunque la mayoría se ubiquen en situaciones de una actualidad noticiera. Su última obra, selección de su plenitud y de sus mejores viñetas, la considera, desde su valiente humildad, un regalo a su prejubilación. Un trabajo excelente que pasó de convertirse en un álbum a editarse como un hermoso libro de tapas duras, haciendo honor a su calidad artística.
Cercano, amable y locuaz en sus palabras, siempre íntegro con la realidad de su conciencia, Morgan transmite en sus guiños esa marca inconfundible que realza su obra. Y aunque la nueva era haya venido cargada de información y actualizaciones para inventar nuevos escenarios, siempre permanecerá el sello de autenticidad de su autor.
“Me ha dicho la matrona que, antes de dar a luz… tengo que aceptar la política de cookies del bebé”.
Tras el cartel de “España necesita bebé”, suscita la pregunta contaminada:
“Cariño, ¿a cómo estaban los bebés en Mercadona?”.
Grande, By Morgan. Tus ocurrencias son el antídoto perfecto contra un día más de tedio social.
Feli Santana






























