Un año más, y ya van catorce, el gobierno que dirige Francisco Atta vuelve a retrasarse en la tramitación del presupuesto municipal, la principal herramienta de gestión para articular un proyecto político serio y riguroso. Este no es más que otro ejemplo de la evidente improvisación con la que el grupo ASBA gobierna Valsequillo.
La piedra angular de un gobierno competente y riguroso es su presupuesto. En primer lugar, porque el presupuesto se nutre de los impuestos, tasas y tributos que paga la ciudadanía. No es dinero municipal, no es dinero del Ayuntamiento, es el dinero de todos, de todas. Y quien paga, además en tiempo y forma, merece, al menos, que quien gestiona su dinero también cumpla con los plazos que marca la ley
En segundo lugar, porque es en el presupuesto donde se plasma que la dirección política se asienta sobre un proyecto bien estructurado y planificado. Pero quien no es capaz de elaborarlo y aprobarlo dentro de los plazos que marca la legislación, demuestra que su proyecto no existe, porque el gobierno municipal, y su alcalde, no tienen más objetivo que su propia supervivencia política, dentro o fuera de Valsequillo.
La incertidumbre que supone no aprobar un presupuesto en tiempo y forma no es muy diferente de la inquietud que supondría para cualquier familia no saber qué ingresos y gastos debe afrontar a lo largo de un año. El esperpento en Valsequillo ha llegado al punto de que alguno de ellos (2013) se aprobó a pocos días de acabar el año. Una auténtica burla, si no fuera porque es cierto.
El alcalde, experto ejecutor de excusas varias, siempre encuentra las respuestas a su nefasta gestión en elementos externos a su propia responsabilidad. La culpa siempre es de la oposición, de los vecinos o, incluso, de quienes antes eran sus propios compañeros de filas. Pero quien tiene la responsabilidad real es quien dirige un gobierno. Llegados al mes de agosto, el presupuesto ni siquiera ha llegado al pleno para su aprobación inicial. Lo de intentar consensuarlo con la oposición, ni lo contemplamos.
Tan genial para las excusas como incapaz para la gestión, Francisco Atta tiene más cuentos que cuentas. Su cada vez más indisimulado deseo de irse del municipio es lícito, pero que sea Valsequillo quien pague las facturas de su dejadez es inmoral.






























