Hace una semana, la mayoría dábamos a la UD Las Palmas por muerta. Camino del descenso. Y teníamos motivos para pensar así. Llegar a abril sin haber sumado una sola victoria y metida de lleno en la zona de descenso, eran argumentos suficientes que en una categoría tan igualada, sumar los puntos necesarios para llegar a la meta de los 38-42 puntos, se antojaba muy complicado.
Pero no es menos cierto que tanto el cuerpo técnico como los jugadores y la propia directiva del club nos mandaban continuamente mensajes de unidad. De que se estaba trabajando bien y que era cuestión de tiempo que llegaran los buenos resultados. Pero tiempo era lo que le faltaba a Las Palmas. Las jornadas pasaban, las victorias no llegaban mientras los rivales directos iban sumando puntos.
Pero entonces llegó el partido en Getafe. Y allí, la diosa Fortuna sonrió a la UD Las Palmas. Todo lo que hasta ahora no había funcionado, comenzó a hacerlo. El punto de mira se centró en la portería contraria y a base de esfuerzo, pundonor y acierto, los amarillos se trajeron los 3 puntos de Madrid y pusieron fin a la sequía de victorias. Pero la victoria en el Coliseo fue mucho más que eso. Además de los puntos, la victoria en Madrid cambió el chip de los amarillos. Les demostró que estaban caminando por la buena senda y que el premio muchas veces se resiste, pero acaba siendo justo con quien trabaja de forma seria y constante.
Y con esa energía se afrontó anoche la UD Las Palmas la visita del Atlético de Madrid. Uno de los peores rivales posibles para dar continuidad a la victoria lograda en Getafe. El equipo del Cholo es un conjunto incómodo, que te exige mucho en el plano físico y que te obliga a jugar rápido si quieres desbordarlo. Y ahí, normalmente, vienen los errores, las imprecisiones y las ocasiones para los rojiblancos que no suelen perdonar. Ayer lo hicieron en dos ocasiones clarísimas, pero la intervención de Dinko Horkas bajó los palos las frustró. Simeone no se lo podía creer.
En la segunda parte los de Diego Martínez salieron a por todas. Llevados por el público de Gran Canaria, que comenzó a creer en la victoria, los amarillos eran conscientes de que tumbar al gigante rojiblanco era posible. Lo intentaron y las ocasiones llegaban, pero el acierto no. Hubo que tirar de la épica y llegar al descuento para que en un ataque de los amarillos por la izquierda y tras un rechace a Javi Muñoz le quedara la pelota en ventaja con la única misión de empujarla a la red. Y no desperdició la ocasión.
La UD Las Palmas sumó los tres puntos. El estadio de Gran Canaria lo celebró por todo lo alto porque el equipo resucitó y no fue un espejismo. Los amarillos salen del descenso y sólo la victoria del Alavés, que visita hoy al Sevilla, puede devolverlos a zona de descenso.





























