Feli Santana
Las Vegas de los Mocanes es la extensión sur. Las faldas del circo montañoso de la gran depresión de Valsequillo (que va desde Los Llanos de las Romeras y Los Frailes, las vegas de Los Mocanes, Llanos de Cubas, El cercado, Los berrazales) son tierras fértiles que, sobre mesetas escalonadas, descienden suavemente hacia la desembocadura de Los Llanetes y Tecén, antiguos asentamientos aborígenes del Guanartemato de Telde.
La población más numerosa se asentó a orillas y nacientes de estos barrancos (El chorro, Los Mocanes, Los Jediondos, Los Frailes, Santiago, afluentes del Barranco San Miguel) buscando el zoco de las cuevas y el aprovechamiento de las tierras altas para el cultivo. En Las Vegas comenzaron agruparse en pequeños núcleos poblados, empezando por La Montañeta de Las Moranas y la ampliación a orillas del camino real, hasta la llegada de la carretera de Valsequillo a Tenteniguada en 1933, que fue un litigio de voluntades y caminos, en la lenta evolución artesana de dejar paso al futuro.
Con la llegada de la modernidad, comenzó el esplendor y la apertura del producto agrícola a los mercados de Las Palmas y Telde, creando una prospera riqueza en la sociedad de los años 40 y 50. Comenzando con el recordado camión de Dominguito, con el fenómeno de los intercambios comerciales, aparece la necesidad de las reuniones sociales y culto a la religión y fiestas, prendiendo por el más antiguo que eran los bailes, antes de cueva y mechón, y luego sociedades que organizaban las juventudes de los barrios, para recrear los intercambios de noviazgos y generar los maritales.
La Sociedad de Las Vegas nació con la alegría de aquellos encuentros, auspiciados por la necesidad de los intercambios. La familia de Mariquita José, matriarca y heredera de los bienes de los hermanos Santana. Pedrito (Roque) Nicolás, Juan, Micaela, Miguelito Teresita. Pedrito Roque crea su contribución al aunar esfuerzos para fundar la Sociedad de Baile y Merendero Las Vegas, en los años 40. En esta casa se juntaron y conocieron muchas de las familias descendientes que hoy habitan estas tierras y que sirvió de eslabón primario y social de encuentros.
Años más tarde, en 1970, y con el boom industrial y turístico, se construye la iglesia de Las Vegas sobre los terrenos donados por el Dr. Justo Cebrián y su esposa María Dolores Martel Ortega, comenzando los cultos religiosos y seguidos de las Fiestas del Almendrero y Nuestra Señora de Las Vegas, donde el esplendor social toma nueva forma de manifestación.
La Sociedad Merendero de Las Vegas se erigió como punto de encuentro destacado dentro de la oferta del municipio de Valsequillo, por sus registros históricos y concepto social. Propició el desarrollo comercial de explotaciones posteriores e iniciativas locales en la infinidad de bares y restaurantes de carretera, que continuaron a lo largo de la historia, atrayendo a un público canario de otras latitudes, deseosos de conocer y compartir mesa en el municipio. También destapó la autonomía del barrio, creando oportunidades para las familias nativas.
El Merendero no fue solo un edificio, ni un salón de fiestas. Fue un corazón que latió al ritmo de la tierra, un espacio donde Las Vegas aprendió a mirarse y reconocerse como pueblo.






























