Feli Santana
En lo profundo del Barranco de San Miguel, donde el murmullo del viento y la caricia de un paisaje idílico de antaño, se levanta una fortaleza militar con más de 500 años de historia. El cuartel de caballería de El Colmenar marcó un hito en la conquista de Gran Canaria y sentó en las vaguadas caprichosas de El Colmenar un poblado castrense de firme y marcado destacamento territorial.
Cuando Las Islas aún respiraban el pulso de las milicias, y tan solo la caballería militar y el ajetreo mular comenzaba a cabalgar los caminos de los andurriales, se levantó como guardián de piedra en medio de la naturaleza, para administrar el territorio y sentar los mandatos de la convivencia en el circo montañoso de Valsequillo. El Cuartel de El Colmenar es un viejo edificio con corredor continuo y patio al que llamaron Patio de Armas, que fue testigo de formaciones; órdenes y silencios nocturnos bajo las estrellas de noches limpias y relucientes. Allí, donde los muros abren paso a la huerta, la vida cotidiana se mezclaba con la disciplina del soldado.
Los caballos, orgullo de la caballería, reposaban en las estancias bajas del ala derecha, mientras que sobre ellos dormía la tropa, ajena al destino incierto de cada jornada. El ala izquierda, en cambio, reservaba sus espacios a mandos y provisiones, custodios de la fuerza y del sustento. Sus corredores de madera, sostenidos por pilares sencillos, crujían al paso firme de los hombres; sus tejados cobijan historias que aún parecen susurrar entre verodes, helechos y abandonos del eco de una herencia santoral entregada a San Miguel, protector contra el mal… un mal que llegó tarde y que aún hoy no encuentra equilibrio.
Entre aquellas paredes sirvió el subteniente Antonio Pérez Gutiérrez, comandante de Armas de Milicias, abuelo del célebre escritor Benito Pérez Galdós. Y junto a él, la historia se engrandeció con su hijo, Sebastián Pérez Macías, nacido en la casa vecina al cuartel, el 15 de mayo de 1784. Soldado distinguido, héroe en la Guerra de la Independencia, capitán de las Milicias Canarias, gobernador interino del Castillo de El Risco. Tantos títulos como medallas en su pechera, su nombre se suma al eco de este lugar y al cultivo inspirado de los genes del legado literario de su hijo, Benito Perez Galdós, como quien no abandona nunca la tierra que lo vio crecer lejos de las murallas de El Colmenar.
En 2003, el Gobierno de Canarias lo declaró Bien de Interés Cultural (BIC) monumento de la memoria isleña. Y aunque hoy anda en litigio por la compra municipal de manos privadas, el Cuartel de El Colmenar sigue erguido en su soledad majestuosa, como un viejo centinela que contempla el paso del tiempo. Sus muros, que vieron caballos, fusiles y mandos, hoy guardan silencio y olvido; pero quien se acerque con oídos atentos, quizás escuche aún el resonar de cascos y órdenes, el rumor de una historia que se niega a desvanecerse.
Hace escasos años murió el último soldado de El Colmenar, hijo y vecino de las Vegas de Valsequillo. D. Juan Ortega Ortega, allí junto al olor de su tierra juró lealtad a una doble patria: la impuesta y la de ser soldado de su pueblo y en sus andurriales se desvanece la historia.






























