El denominado Camino Viejo constituye una de las infraestructuras históricas más significativas del municipio de Valsequillo. Su trazado, hoy integrado en el paisaje urbano, fue durante décadas la principal vía de comunicación con el exterior y un elemento clave en el desarrollo social, económico y territorial del municipio.
La reconstrucción de su origen y evolución resulta compleja debido a la escasez de documentación oficial conservada, una circunstancia habitual en las obras públicas de carácter rural durante los siglos XIX y comienzos del XX. No obstante, a partir de fuentes orales, referencias históricas y el análisis del territorio, es posible aproximarse a su proceso de formación y transformación.
Las primeras modificaciones y ampliaciones del viejo camino de acceso a Valsequillo pueden situarse entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, aproximadamente entre 1890 y 1915. Este periodo estuvo marcado por una evolución lenta, condicionada tanto por la burocracia administrativa como por la necesidad de gestionar permisos particulares.
Los Llanos de Valsequillo, atravesados por el trazado del camino, eran entonces una extensa zona agrícola de gran valor productivo. En ella se concentraban más de un centenar de grandes propietarios, muchos de los cuales poseían extensiones superiores a los 1.000 metros cuadrados de terreno rústico. La defensa de estas tierras influyó directamente en el diseño del camino, que debía adaptarse al relieve y evitar la fragmentación de las fincas.
Tras la creación del municipio de Valsequillo, se establecieron nuevas lindes territoriales. Por el naciente, el límite se trazaba desde Lomo Fregenal hacia Tecén y la cañada de Salvia India, cruzando Piletas hasta el barranquillo de Juan Inglés y la frontera con San Roque. Desde allí, el deslinde ascendía nuevamente por el Lomo de la Vega, colindando con Telde, Santa Brígida y San Mateo.
En este contexto, el acceso principal desde la antigua ciudad de los Faycanes se realizaba a través de los caminos reales tradicionales, conocidos popularmente como caminos de bestias. Estas rutas, heredadas de épocas anteriores, constituían la base sobre la que se desarrollaría el posterior Camino Viejo.
A partir de 1860, los antiguos caminos comenzaron a experimentar pequeñas mejoras para permitir el tránsito de carromatos y diligencias. Según las aportaciones a la historia de Valsequillo recogidas por Jacinto Suárez, la primera diligencia que comunicó el municipio fue el conocido Quitrín de Antoñito Velázquez, un hito en la historia del transporte local.
La llegada de los vehículos motorizados supuso un cambio decisivo. El primer automóvil llegó a Gran Canaria en 1902, propiedad de D. Tomás Doreste Marrero, lo que generó un efecto multiplicador en la adaptación de las carreteras insulares. Desde 1905 comenzaron a circular los primeros vehículos por las escasas vías existentes, y se estima que los automóviles alcanzaron Valsequillo entre 1915 y 1920.
Paralelamente, la bicicleta se introdujo en el contexto insular entre 1870 y 1890, inicialmente en la capital. Su uso se extendió lentamente durante los primeros años del siglo XX gracias a su bajo coste y facilidad de manejo. Aunque su presencia en el medio rural fue minoritaria, supuso una alternativa de comunicación personal entre pueblos antes de la generalización del automóvil.
El Camino Viejo discurría desde la orilla, atravesando la actual calle Sol y la iglesia de San Miguel, en dirección al Llano del Conde. Su recorrido bordeaba el barranco, respetando las tierras de cultivo y aprovechando la topografía natural. A partir del Calvario, el camino se abría al paisaje agrícola, perdiéndose entre campos y llanos que durante décadas definieron la identidad del municipio.
Con el paso del tiempo, este entorno rural fue transformándose hasta dar lugar al paisaje urbano actual, aunque el trazado original del camino aún permanece reconocible en determinados tramos.
El Camino Viejo no fue únicamente una vía de comunicación, sino un reflejo de la evolución histórica de Valsequillo. Desde los caminos de bestias hasta la llegada del automóvil, su trazado acompañó los cambios sociales, económicos y territoriales del municipio. Mirar hacia su pasado permite comprender mejor el presente y valorar un patrimonio viario que forma parte de la memoria colectiva del pueblo.
Feli Santana






























