El alcalde de Valsequillo, Francisco Atta, detalló este miércoles las razones de su rechazo a la moción de censura presentada por la oposición. Auguró un futuro oscuro y de desgobierno para Valsequillo. Aunque lo intentó, su discurso fue vacío. Se asentó sobre palabras huecas que no significan nada en sí mismo, porque detrás no hay nada.
A falta de logros concretos, acudió a los lugares comunes de siempre para maquillar sus pobres resultados: compromiso, cercanía y responsabilidad. Las excusas de siempre para tapar los resultados de siempre: no hay presupuestos, cientos de miles de euros que hay que devolver, un pueblo sucio, líderes en impagos a proveedores, demonizar a los que piensan distinto, funcionarios públicos que huyen de la institución, una plantilla municipal con la moral por los suelos. “El futuro gobierno será responsable de todo lo que suceda en el municipio”, avisó. ¿Acaso el suyo no lo es de todo lo descrito anteriormente?
Durante su comparecencia deslizó de forma sutil la posibilidad de que se pierdan muchos de los proyectos en los que trabaja el gobierno. ¿A qué se refería el alcalde? ¿Era una noble advertencia al nuevo gobierno para que no repita los errores que ha cometido el suyo? ¿O era una amenaza velada? ¿Le traicionó el subconsciente y sugirió que tal vez no llegarán al municipio los fondos necesarios para la puesta en marcha de esos proyectos? Si así fuera significaría que esos proyectos nunca fueron del y para el pueblo, sino suyos. Y, en ese caso, la censura, ya no política, sino ética y moral, sería aún más escandalosa.
Desquiciado en su alocución, incluso, se censuró a sí mismo. Quien durante meses criticó que la oposición bloqueaba su (inexistente) gestión, hoy reconoció que de las últimas 96 votaciones, 90 fueron apoyadas unánimemente. Tildó a sus ex-compañeros como “la vieja ASBA”, como si quienes hoy le acompañaban fueran un ejemplo de renovación.
Único responsable
El único responsable de esta moción, en última instancia, es Francisco Atta. Ha sido él quien ha dinamitado no solo su gobierno, sino también su propio partido. En su día, llegó a ser proclamado alcalde estando en minoría, un hecho insólito en la historia política municipal. Ese dato, por sí solo, desmonta el argumento de que quienes, presumiblemente, accedan al gobierno el 18 de noviembre, lo hacen a cualquier precio y de forma desesperada, como quiso dar a entender.
Por más que intente dibujar un escenario de conspiración interna y externa, Francisco Atta será víctima de sus propios errores. Ninguna de las justificaciones que intentó dibujar como causa de la moción hubieran tenido relevancia si donde reinaba la soberbia, lo hubiera hecho la generosidad. Se trata de escuchar, no de culpar, construir, y no únicamente resistir.
Y el peor error de todos: pensar que gobernar es solo mandar, y no servir a tu pueblo.
Que nadie repita estos errores.






























