Hay historias que merecen ser contadas por la simpatía y el valor humano que desprenden. La de unir a dos pueblos de España bajo el paraguas de la amistad y el intercambio cultural parece destinada a dejar huella. Así nació, allá por los años ochenta, este singular vínculo entre dos localidades que comparten nombre: Valsequillo. Fue gracias al entusiasmo de personas como Teodora Suárez, quien organizó un nutrido grupo de jóvenes para visitar el pequeño núcleo cordobés.
En estos encuentros de intercambio cultural y patrimonial uno se da cuenta de lo pequeño que es el mundo y de las similitudes y diferencias que pueden existir entre un municipio canario e insular y otro andaluz del interior peninsular. La diferencia poblacional es notable: actualmente, Valsequillo de Gran Canaria ronda los diez mil habitantes, mientras que Valsequillo de Cordoba apenas supera los trescientos. Sin embargo, la antigüedad histórica juega a favor de la localidad andaluza, cuyos orígenes documentados se remontan al siglo XV e incluso a épocas romana y musulmana. Por su parte, el municipio grancanario hunde sus raíces en el pasado aborigen de la isla y en su posterior desarrollo como entidad municipal.
Este Día de Canarias fue especialmente significativo gracias a la agradable visita de los vecinos cordobeses, que regresaban por segunda vez al municipio como continuidad de aquel primer encuentro. Dentro de los actos previstos por Valsequillo de Gran Canaria, se ofreció un excelente programa cargado de identidad y tradición. La celebración resultó entrañable y contó con la participación de numerosos colectivos y asociaciones locales, convirtiéndose en una grata sorpresa para todos los asistentes.
La visita guiada y teatralizada por niños y jóvenes del municipio puso de manifiesto el valor de las artes escénicas como herramienta para las nuevas generaciones. Esta cantera cultural alimenta cada año la representación de El Perro Maldito, y en las voces y el entusiasmo de estos jóvenes se percibe una continuidad prometedora. El recorrido llevó a los visitantes por los rincones más antiguos y simbólicos del pueblo, acompañados por las delegaciones de ambos municipios.
La jornada continuó con una exhibición del silbo, en la que Ignacio acercó a los visitantes unas nociones básicas para comprender este singular lenguaje. Más tarde tuvo lugar una demostración del salto del pastor, cuyas explicaciones técnicas mantuvieron a los visitantes cordobeses atentos y agradecidos. Mientras tanto, las agrupaciones folclóricas locales amenizaban la mañana y una comida de convivencia reunía a vecinos y visitantes en un ambiente de fraternidad.
Fue una jornada cargada de emoción, convivencia e intercambio cultural y patrimonial. Tanto es así que la devolución de la visita ya comienza a prepararse y no tardará en hacerse realidad, enriqueciendo aún más este hermanamiento entre valsequilleros. Los productos de la tierra y la cultura popular sirvieron de puente entre vecinos unidos por un mismo nombre.
Aunque la etimología parece clara en el caso de Valsequillo de cordoba —Val (valle) y sequillo (lugar seco)—, en Valsequillo de Gran Canaria todavía queda por desvelar el origen exacto de su topónimo. Quizá sea una herencia llegada de la mano de algún ilustrado que pasó por estas tierras y dejó, además del nombre, una historia que hoy sigue conectando a dos pueblos separados por la distancia, pero cercanos en espíritu
Feli Santana






























