Otra Navidad se acerca entre destellos y batucadas. La representación del portal de unos días se adelanta por el destello luminoso de colores, por el boom del pasatiempo en la calle. Casi sin pretenderlo, se convierte en la excusa perfecta para salir con la familia pequeña a recordar nuestra infancia feliz, una en la que la alegría y la ilusión se medían en otros destellos de unos pocos días puntuales, en los que el amor florecía como símbolo de comunidad.
El encendido navideño de las ciudades y pueblos de la geografía isleña se ha convertido en el entusiasmo armado con pasaporte del mes navideño, y sólo por compartir la alegría contenida de los pequeños ya merece la pena estirar las fiestas. Ellos, criaturas felices en una sociedad de consumo, son inocentes de su destino, pero aprovechan ese mundo inventado para sacudir su falta de compartimentos más allá de las tareas escolares.
Valsequillo vivió anoche el fragor de esa Navidad inventada, con la alegría de muchos pequeños que recordaron que son ellos el futuro de este pueblo, y a ellos debe la sociedad grabarles los estados de armonía y felicidad para compartir. El pasacalles y la respuesta del pueblo fueron excelentes ante una Navidad diferente en lo social, con ese respiro en suspense de los deberes políticos para afrontar siempre las renovaciones y convertirlas en ilusiones para todos.
El pueblo se alimenta de la vida social responsable y exalta la magnitud de los acontecimientos en el deseo de sus conveniencias, pero más allá del partidismo presenciamos una armonía avalada por lo sencillo y luminoso del encuentro. Unas palabras de concilio del nuevo alcalde, Juan Carlos Hernandez Atta, recordaron la importancia de la ilusión de la niñez y el trabajo fraternal de la sociedad para alcanzar sus logros.
Una noche fría, la más fría de este otoño que se recuerda… Una sensación de pueblo del interior, sencillo, unido en un objetivo: manifestar sus tiempos de Navidad en un sencillo acto de encendido y de bienvenida a esa luminaria, que bien nos falta en lo cotidiano para alumbrar los mejores caminos y los mejores destinos de la comunidad. Prepararse para el futuro es alumbrar el presente con las mejores verdades y el mayor entusiasmo.
La Navidad iluminada volvió al pueblo de Valsequillo: sencilla, amigable y entrañable. Y a la cita no faltó ni el frío. En ella se abrió el telón de todo un mes de glorias y villancicos, un mes de consumo y vivencias familiares, que a la eternidad son los pilares de la sociedad universal.
Felices fiestas, Valsequillo.
Feli Santana
Foto: Hermann Hellbusch






























