Un presupuesto prorrogado desde 2023 y con un nivel de ejecución que no alcanza el 40%; casi 50 puntos menos de ejecución que en 2016; apenas 600.000 euros invertidos de los siete millones disponibles para inversiones; el contrato de limpieza vencido desde hace dos años; 735 euros menos de inversión por vecino respecto a municipios de características similares; y más de 30.000 solicitudes de empresas y vecinos sin atender.
Estos son solo algunos de los desoladores datos que ha revelado la auditoría encargada por el nuevo gobierno del Ayuntamiento de Valsequillo, tal y como se comprometió el día de su toma de posesión. Cifras objetivas e irrefutables que confirman que la moción de censura no solo era necesaria, sino también urgente.
Las conclusiones de la auditoría no solo dibujan un panorama preocupante, sino que desacreditan con severidad la gestión de quienes hoy ocupan la oposición. Mientras sus formaciones mantienen todavía un vergonzoso silencio ante unos datos que hablan por sí solos, los responsables de esta situación siguen sentándose en el salón de plenos.
Son los mismos que durante años se llenaban la boca con palabras como “pueblo” y “vecinos”, mientras su desastrosa gestión se traducía en más de 700 euros menos de inversión por persona cada año. Una tragedia administrativa, económica y organizativa cuyas consecuencias ahora toca afrontar y corregir.
Ante este panorama, el nuevo gobierno ha implementado un necesario plan de profesionalización de la gestión, apoyado en la cohesión y coordinación del equipo de gobierno, y el apoyo de la plantilla municipal, para quienes el alcalde, Juan Carlos Atta, Vìctor Navarro e Ibán Medina, tuvieron un caluroso agradecimiento.
La presentación de la prometida auditoría debe ser el punto de inflexión desde el que impulsar la recuperación de Valsequillo. Conocer con exactitud la situación real del Ayuntamiento permite empezar a corregir años de inercia administrativa, desorden en la gestión y falta de planificación. El objetivo ahora es claro: recuperar la capacidad de gestión, ordenar las prioridades y devolver para Valsequillo una institución que funcione, ejecute sus presupuestos y esté a la altura de las necesidades del municipio.






























