Corría el año, creo, 97 o 98, cuando en una tarde de compras, como era habitual en mí, me quedaba en la sección de libros hojeando y buscando cositas que llamaran mi atención, cuando no sé cómo, un libro destacó entre los demás y me fui directo a él, no sé si se iluminó más que los que lo rodeaban o que me llamó por mi nombre, lo cierto es que no lo pude dejar allí. Creo que tardé en empezarlo, pudieron ser incluso varios días, pero sí sé que desde que lo empecé no pude parar hasta terminarlo. La trama estaba ambientada en los alrededores de Michigan, iba de la vida de una psicóloga a la que le llegaba una nueva paciente indígena con su abuela para que tratara a esta última, pues decía que en unas lunas moriría. Lo que ocurrió es que la que fue tratada realmente fue la profesional, a través de los razonamientos y enseñanzas de la vieja india lakota. En fin, un argumento muy atractivo, en el que se mezclaban tradiciones del pueblo lakota con razonamientos de la psicología moderna, y la contraposición de los dos mundos que conviven en aquellas tierras, por un lado el indígena y por otro la sociedad occidental. Uno de los rituales que describe el libro es el de la pipa sagrada, que la vieja india usaba como herramienta de oración y sanación, lo cual desafiaba el enfoque de la psicología que tenía la terapeuta…
Con este potaje de ingredientes devoré este libro, que aunque en su versión original se llama Winona’s Web, en su traducción es denominado La Voz de la Sabiduría, y su autora es Priscilla Cogan. El libro se lo recomendé a mi madre, y esta a su vez a sus primas, que creo que compraron hasta una pipa para hacer los rituales de la vieja Winona… También le hablé a mi amigo Johny, que vive en Oklahoma, y con el que he estado en contacto muchos años; es hijo del antiguo socio de mi padre. Este último localizó el correo electrónico de la autora y me lo facilitó. ¿Cómo no iba a escribirle? Pues me puse manos a la obra y en un inglés que probablemente sonara como Tarzán le felicité y le traté de explicar el recorrido que había seguido para llegar a ese libro, de cómo ese libro me había hablado para que me lo llevara de una librería, de lo interesante que me había parecido, y que incluso, tras recomendarlo, algunos habían comprado una pipa y habían llevado a cabo el ritual descrito en el libro… Todo esto lo hice sin que se me pasara por la cabeza que me pudiera responder; mi sorpresa fue que sí lo hizo: al cabo de unos días me llegó un correo electrónico en el que me agradecía haber leído su libro. Fue muy gratificante y de agradecer que me respondiera desde Michigan a Valsequillo; qué chico se estaba haciendo el mundo, aunque no éramos conscientes de ello totalmente… Lo que sí que no me esperaba ni por asomo es que recibiera otro correo electrónico de su marido, Duncan Sings-Alone, un cuentacuentos cherokee, el cual me hizo saber, entre otras cosas, que cuando leyó mi correo “su corazón empezó a cantar…”. La verdad es que no me lo podía creer, el pecho se me infló al instante y fue muy emocionante.
Cuánta sabiduría de los viejos habitantes, tribus y paisanos a lo largo del mundo se pierde día a día por no pararse a escuchar un ratito siquiera lo que nos tienen que decir; es tanto el ruido de la vida moderna a espaldas de este nuestro planeta que nos hace perder la auténtica conexión con la Tierra. La auténtica conexión no es con la wifi, ni nada que se le parezca, es entre nosotros y nuestra casa. Un viejo chamán esquimal dijo una vez que la distancia más grande del universo va del corazón a la cabeza, y esta distancia se agranda cuando no vivimos en conexión con el mundo que nos rodea…
Hermann Helbusch






























